jueves, 30 de noviembre de 2017

LEOPOLDO LUGONES (Córdoba)




Contrabajo

Dulce luna del mar que alargas la hora
de los sueños del amor; plácida perla
que el corazón en lágrimas atesora
y no quiere llorar por no perderla.

Así el fiel corazón se queda grave,
y por eso el amor, áspero o blando,
trae un deseo de llorar, tan suave,
que sólo amarás bien si amas llorando.


El astro propicio
Al rendirse tu intacta adolescencia,
emergió, con ingenuo desaliño,
tu delicado cuello, del corpiño
anchamente floreado. En la opulencia,


del salón solitario, mi cariño
te brindaba su equívoca indulgencia
sintiendo muy cercana la presencia
del duende familiar, rosa y armiño.


Como una cinta de cambiante falla,
tendía su color sobre la playa
la tarde. Disolvía tus sonrojos,


en insidiosas mieles mi sofisma,
y desde el cielo fraternal, la misma
estrella se miraba en nuestros ojos.



Historia de mi muerte
Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.

Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por un sólo cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida.


Olas grises

Llueve en el mar con un murmullo lento.
La brisa gime tanto, que da pena.
El día es largo y triste. El elemento
duerme el sueño pesado de la arena.

Llueve. La lluvia lánguida trasciende
Su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
Que la muerte es así..., que así es la vida.

Sigue lloviendo. El día es triste y largo.
En el remoto gris se abisma el ser.
Llueve... Y uno quisiera, sin embargo,
Que no acabara nunca de llover.


Salmo pluvial
Tormenta:
Érase una caverna de agua sombría el cielo;
El trueno, a la distancia, rodaba su peñón;
Y una remota brisa de conturbado vuelo,
Se acidulaba en tenue frescura de limón.

Como caliente polen exhaló el campo seco
Un relente de trébol lo que empezó a llover.
Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,
Se vio el cardal con vívidos azules florecer.

Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;
Sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal,
y el firmamento entero se derrumbó en un rayo,
Como un inmenso techo de hierro y de cristal.

Lluvia:

Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto
Que plantaba sus líquidas varillas al trasluz,
O en pajonales de agua se espesaba revuelto,
Descerrajando al paso su pródigo arcabuz.
Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces;
Descolgó del tejado sonoro caracol;
y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces.
Transparente y dorada bajo un rayo de sol.

Calma:

Delicias de los árboles que abrevó el aguacero.
Delicia de los gárrulos raudales en desliz.
Cristalina delicia del trino del jilguero.
Delicia serenísima de la tarde feliz.

Plenitud:

El cerro azul estaba fragante de romero,
y en los profundos campos silbaba la perdiz.


Leopoldo Lugones (1874 Villa María del Río Seco, provincia de Córdoba, Argentina - Tigre, provincia de Buenos Aires, 1938).  Pasa su infancia en la provincia de Santiago del Estero. Cursa sus estudios secundarios en su ciudad natal. A los 20 años es conocido por su talento de orador y poeta.
En 1896 se traslada a la Capital Federal, donde se incorpora al grupo de escritores y artistas integrado por José Ingenieros, Roberto Payró, Ernesto de la Cárcova y otros.
Ejerció el periodismo y en 1915 se hizo cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros que ejerció hasta su muerte.
Recibió numerosas distinciones y en el aniversario de su nacimiento se festeja el Día del Escritor en la República Argentina. En poesía, publicó Las montañas del oro, Crepúsculos del  jardín, Lunario sentimental, Odas seculares y Romances del Río Seco. En narrativa,  La guerra gaucha, Las fuerzas extrañas y Cuentos fatales.

Biografía tomada de: AUDIOLIBROS ALBA LEARNING (https://albalearning.com/ )
Fotografía recuperada del sitio Web La Plata juntos en todo http://www.cultura.laplata.gov.ar/


martes, 31 de octubre de 2017

ARMANDO TEJADA GÓMEZ (Mendoza)


EL SUBVERSIVO
Un día,
el pobre tipo
empleado o jornalero,
ese que anda a los tumbos
y de la cuarta
al pértigo,
el que ha visto llover
y llover
y llover
sobre su lomo gris
y su triste sombrero;
ése,
el tipo a destajo
que vive de segunda
como el padre del padre
de su anónimo abuelo:
el buen contribuyente
de la cola de acémilas,
aquél,
el locatario
con su ataúd de deudas,
ese que viaja en ómnibus
o en tren la vida entera;
un día,
cualquier día
de mascar la impotencia, va a agotar,
va a gastar,
va a perder la paciencia:
esa última,
oscura rebelión
que le queda.

Un día,
el subversivo,
va a empuñar la impaciencia!
El tipo es un peligro:
tiene un arma secreta.


CANCIÓN DEL FORASTERO
De qué me sirve a mí la primavera,
esta ciudad con plazas y alamedas,
si en el acontecer del día que se va
en toda esta ciudad, nadie me espera.
De qué me sirve a mí tanto paisaje,
el cielo cruel y azul, la luna llena,
si en el acontecer de oscura inmensidad,
en toda esta ciudad, no hay quién me quiera.

Los ojos sin amor son ojos muertos,
miran pero no ven: la piel del día,
la fiesta de color del pájaro y la flor,
el rostro natural de la alegría.
De qué puede sevir mirarnos sin amar?
Los ojos sin amor, no ven la vida.

El solo marcha solo hacia la muerte,
es como un forastero de los días,
dirá que estuvo aquí y no supo entender
por qué los que se amaban, sonreían.
Un hombre, una mujer, por separado
son la mitad del ser, dos soledades,
de qué pueden servir si no saben unir
en el río de un niño las dos sangres.



EL BIENAVENTURADO
Aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
agonizó sus años
corriendo a tres empleos.
Un día, simplemente,
su simple corazón
le estalló en una esquina
y despertó en el cielo.

Dios, bonachón y antiguo,
le dio la bienvenida,
palmeándole y diciendo:
«¿Qué cuenta de la vida?»

Y aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
se quedó boquiabierto
y preguntó: «¿Qué vida?»


EL VINO TRISTE

Ese hombre que entra al bar
sin sombra que le ladre,
ése que pisa y pasa
sin rostro ni señales,
pide una copa solo
de espaldas a la calle,
bebe su copa solo,
inmóvil, demorándose,
paga, piensa otro trago
sin gastar ni una frase
y luego, se va solo
hacia la noche y nadie.

Ese tipo va herido.

Y la muerte lo sabe.



PROHIBIDO PROHIBIR

Estaba la ventana dando voces
de agolpada y furiosa primavera,
se partía la yegua en un relincho
y era un ruido caliente la colmena.

Subían llamaradas a las ingles
y era muchacha el tacto de la greda.

Abajo, la semilla era un escándalo
y un grito genital toda la tierra.

La Juana miró a Juan. Juan a la Juana.
El sol, inmemorial, quemó la leña.

De lejos parecía que era un humo,
pero era de ellos dos la polvareda.

Armando Tejada Gómez Mendoza (21 de abril de 1929) - 3 de noviembre de 1992 (Provincia de Buenos Aires) Trabajó como locutor de Radio de Cuyo. En 1954 edita su primer libro de poesías, Pachamama: poema de la tierra y él. Un año después, edita su segundo trabajo Tonadas de la piel.
Participó con Oscar Matus y Mercedes Sosa, del Movimiento del Nuevo Cancionero, Simultáneamente, Tejada edita trabajos discográficos como “Poeta de la lengua” y “Cantoral de mi país al Sur”. Sus libros y discos le valieron premios y reconocimientos a lo largo de todo el país. Su poesía cruzó las fronteras, llevando a Tejada a presentaciones en España, Mexico y Nicaragua entre otros países.
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viernes, 29 de septiembre de 2017

LETICIA MURE (Tucumán)



HOGUERA DE LUZ

Hoguera de Luz
arde
en las dimensiones múltiples
amarrada
a las nervaduras del tiempo.

Mis manos
abrazan soles.
El viento acuna
sobre la córnea
anillos de nirvana.


CARACOLES DE SOL

Los ojos pintan caracoles de sol.
Camino por espigas
sobre una hoja turgente
cerca de caricias de fuego
que resucitan la sombra.
Un río enciende cerezas
sobre mi boca.
                        

PRESAGIO
                              Al Café Tortoni

La luz, la intensa luz
el delicioso banquete del presagio.

La espiga
tibia de  lumbre.

Mi boca,
desbordada de asombro
el sol en la copa
el delicioso perfume
del presagio en mis labios.


LOS PAJAROS ATARDECEN
Adónde va el trinar del pájaro después que el hombre cruel lo hiere.
Norberto Pannone
Canta
en el árbol
el sublime trino
de pájaros.

Se aferra
a la noche.

Su sueño de luciérnagas
teje nidos.

Mi sombra
viaja
sobre el instante
de sus alas,
se desvanece.


INSTANTES

Canta
la infinita música
de las esferas
se desglosa
de los instantes.

Su noche de luciérnagas
un tiempo teje
solo existe
en el seno
de sus flores.
                               
                                     
Leticia Mure, autora de ensayos sobre el aspecto socio-ambiental del Valle Calchaquí. Publicó “Con los ojos del sol” “Soles en mis manos”; “Hoguera de Luz”; “Semblanzas de un hombre libre”. Participó en numerosas antologías. Primeros Premios: “Medalla de Oro” Monteros, y “Juegos Florales”, Tafí Viejo. Integró la Comisión Directiva de la S.A.D.E, Tucumán. Canciller Cultural de ASOLAPO-ARGENTINA. Se graduó en Ciencias Naturales en la Universidad Nacional de Tucumán. Recibió el premio BIENAL 2013 por Asolapo, Bs As, Argentina.

martes, 29 de agosto de 2017

CARINA SEDEVICH (Córdoba)


1

                                                                para Francisco, mi hijo

Ante vos no hay eufemismos poderosos.
Sólo tapar la violencia de los nombres
con más nombres
golpearte con mi lengua de túneles del mundo
con estos crímenes
estos dedos puestos sobre el otro
esta vigilia.


2

Los niños en la noche
son tristes doblemente.
Como una violeta junto a otra.

Los padres van ellos y su sombra.
Los niños van ellos y su espectro,
alto.


3

La noche se pega a mí.

Teme
flotar y empequeñecer.

Ovulo.


4

Cuando está
la miseria es innombrable.

En cambio ese papel abollado
grande, de envolver
se sacude al viento
como si fuera un papel
abollado, grande
de envolver.

Su corazón de comida vieja
tiene alas. 




Carina Sedevich nació en Santa Fe en 1972 y vive desde su infancia en Villa María, Córdoba, Argentina. Es autora de los libros La violencia de los nombres (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe, 1998), Nosotros No (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Cosas dentro de otra cosa (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Como segando un cariño oscuro (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba, Argentina y Ediciones Niña Bonita, Zaragoza, España, 2012), Incombustible (Alción Editora, Córdoba, Argentina y Ediciones Karakarton, Mallorca, España, 2013),  Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, 2014), Klimt (Suburbia Ediciones, Gijón, España y Club Hem Editores, La Plata, Argentina, 2015), Gibraltar (Dínamo Poético Editorial, Córdoba, 2015), Un cardo ruso (Alción Editora, Córdoba, 2016), Cuadernos de Lolog (Postales Japonesas Editora, Córdoba, 2017) y Lavar a la madre (Editorial Buena Vista, Córdoba, 2017). Parte de su obra ha sido editada en antologías y publicaciones literarias de diversos países de Europa y Latinoamérica y traducida al italiano, al portugués y al mallorquín. Es licenciada en comunicación, especialista en semiótica, maestra en ceremonial, profesora de yoga y meditación
Nota: Los poemas fueron seleccionados por la propia autora y pertenecen a su libro “La violencia de los nombres”  Ed. De de Ratas (1998) 

lunes, 31 de julio de 2017

NITO BIASSI (Córdoba)


Hiroshima y Nagasaki

Los hongos
no tienen flores.
Cuántos muertos
pueden justificar
tantas muertes.
Hongos para justificar
el fin de una guerra,
millones de flores
que no justifican
muertes inútiles.
¿Tus muertos
valen más que los míos?


Al niño Evgueni Evtushenko
(por un banco de madera)

Ven niño, acurrúcate
entre mis patas.
Deja que tu cuerpo
entumecido por el frío
entre en calor.
No te preocupes
si alguien se sienta, mejor,
la calidez de su cuerpo
pasará a mi cuerpo
y de ella a ti.
Sus piernas serán muro
que te protegerá del viento.
Ven mi niño, refúgiate
entre mis tablas
y cántame un poema,
como el de recién,
mientras comes la papa caliente.
Ven mi niño, abrígate
entre mis maderos
y cántame un poema,
como el de recién,
para que el corazón
del árbol que fui
vuelva a latir otra vez.


Caín y Abel

Y Caín mató a Abel,
el Sumerio mató al Acadio,
el Persa mató al Griego,
el Griego mató al Troyano.
El Romano al Cartaginés,
el Normando al Celta,
el Inglés al Español,
el Blanco al Negro.
el hétero al homo,
el hombre a la mujer.
Y Caín sigue matando a Abel.


Cifra impar

Tengo un sentimiento
como cuchilla clavada en mi pecho.
Una angustia de jaula vacía,
de boca en grito sordo,
de cifra impar.       
Cuando estoy solo  en algún lugar,
uno.
Cuando estoy con alguien más,
uno y uno.
Cuando estoy cenando,
tres.
Cuando estoy acompañado,
cinco.
Cuando estoy en un bar,
siete.
Cuando estoy en un recital,
nueve, trece, quince, diecisiete y más.
Tengo un sentimiento,
un deseo de no estar en ningún lugar,
que no estás y que muero de soledad,
una angustia
de cifra impar.


El otro

El otro está
en la vereda
del  frente.
Como flor,
abrigo,
puerta,
desamparo.
El otro soy yo
en la mirada
de otro.

Nito Biassi nació en Córdoba cuando la década del 60 empezaba a caminar, entre el amor libre, la no violencia y el dulce aroma de María Juana. Se crío con frases del “Che” y la música de Sui Generis. Escribió porque le gustaba una chica. Escribió porque no le gustaban algunas injusticias. Así creció o crece, hasta ahora, que aún es un ser humano en vías de desarrollo.

martes, 27 de junio de 2017

ANTONIO ESTEBAN AGÜERO (San Luis)



Canción para Saludar al Sol
Desnudo,
con las manos en alto,
Te saludo.
Con gritos de flores,
y suspiros de hierbas,
te saludo.
Como el joven gallo
de cresta morada que presiente
tu marea en la sombra,
te saludo.
Con la voz,
con el pulso,
con el yo,
desde el nudo
de serpientes azules
y escarlatas
donde surge la sangre,
te saludo.
Como un pájaro ciego,
te saludo.
Como una cigarra moribunda,
te saludo.
Como un viejo lagarto,
y una hoja reciente,
te saludo.
Habitado de semen,
sumergido en el polen,
te saludo.
Con relincho
y susurro,
por el potro y la abeja,
te saludo.
Llovido de lagrimas,
alegre,
vencedor de la niebla,
joven,
puro,
percutiendo tambores,
te saludo.
Como el niño que corre
por túneles oscuros
horadando la noche con las
uñas,
te saludo.
Con la piel,
te saludo;
con cada cabello,
te saludo;
con las vísceras todas
te saludo.
Solitario,
desnudo,
masculino,
da pie en la colina
te saludo. 

Digo La Mazamorra
La Mazamorra ¿sabes?, Es el pan de los pobres,
la leche de las madres con los senos vacíos,
-yo le beso las manos al Inca Viracocha
porque inventó el maíz y enseño su cultivo.
Sobre una artesa viene para unir la familia,
saludada por viejos, festejada por niños,
allá donde las cabras remontan el silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.
Todo es hermoso en ella: la mazorca madura,
que desgranan en noches de viento campesino,
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro
que entre los granos mezcla rubores y suspiros.
Si la prefieres perfecta busca un cuenco de barro,
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de ramas de la higuera
que en el patio da sombra, benteveos e higos.
Y agregale una pizca de ceniza de jume,
la planta que resume los desiertos salinos,
y deja que la llama le transmita su fuerza
hasta que asuma un tinte levemente ambarino.
Cuando la comes sientes que el pueblo te acompaña
a lo largo de valles, por recodos de ríos,
entre las grandes rocas, debajo de cardones
que arañan con espinas el cristal del estro.
El pueblo te acompaña cada vez que la comes,
llega a tu lado,¿sabes?,se te pone al oído
y te murmura voces que suben a tu sangre
para romper la niebla del mortal egoísmo.
Porque eres uno y todos, comiendo el alimento
de todos, en la fiesta del almuerzo tranquilo;
la Mazamorra dulce que es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.
Cuando la comes sientes que la tierra es tu madre,
más que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo, la madre de tu madre,
- su cara es una piedra trabajada por siglos -.
Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
Pero ella será siempre lo que fue para el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.
La noche en que fusilen canciones y poetas
por haber traicionado, por haber corrompido
la música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que digo ...

Digo a Juana Koslay
Capitanes vinieron del poniente
por horizontes de nevada piedra
más allá del Arauco hasta las rucas
donde los Huarpes aguzaban flechas,
o machacaban maíz en la conanas,
o pintaban sus ánforas de greda;
capitanes de yelmo y armadura
sobre caballos con la crin espesa,
que asentaban sus cascos españoles
en este suelo por la vez primera;
masculinos y duros, con la espada
sobre los muslos, y en la faz severa
cicatrices de herida o de malaria
y la fatiga de un millar de leguas.
Recorrieron llanuras donde el jume
les prestaba su luz en las hogueras,
y arenales de luna, y salitrales
donde la Vida se tomaba yerma,
y vadearon un Río en cuyas aguas
era la sed una amargura nueva.
Y una tarde los duros Capitanes,
consumidos de páramo y espera,
hacia el Este del sol y la calandria
vieron de pronto levantarse sierras.
"Aquí será" - dijo una voz de mando -
porque el aire es azul, el agua buena,
y la montaña nos ofrece amparo
si el indio quiere provocarnos guerra".
Y al sentir esa voz descabalgaron,
y tres veces ondearon las banderas.
El Capitán entonces con la espada
trazó en el aire una ciudad aérea,
dibujando la plaza y el ejido,
acá el cabildo, más allá la iglesia,
el fortín al llegar a las colinas,
allá los ranchos de la soldadesca.
Y al mirar una fuga de venados,
con ese nombre bautizó a las Sierras
y a la ausente Ciudad que dibujaba
con el acero de su espada nueva.
Y después silenciosos Michilingues
con su Jefe, Koslay, a la cabeza,
les trajeron la paz en el saludo
y las cosas y frutos de la tierra;
Y entretanto Koslay permanecía
rodeado por arqueros y doncellas,
la hija suya, una hija que tenía
suave los ojos y la cara fresca
y nocturnos cabellos que apretaba
una vincha de plumas como seda,
miraba sonriente y en los ojos
nido le hacia a la mirada tierna
de un soldado español en cuyo pecho
amor ardía en olorosa hoguera;
Gómez Isleño se llamaba, aquí
digo su nombre para que la tierra
no lo olvide jamás porque el soldado
se desposó con la muchacha aquella
y fundó la progenie cuya sangre
da a nuestra gente claridad morena.
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
Virgen dulce de Cuyo, Flor de América,
reverente me inclino y te saludo
porque tú fuiste la semilla nuestra
y nos diste color americano
centurias antes que la patria fuera.
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
nada guarda tu nombre, ni siquiera
plaza civil, o silenciosa calle,
o troquel de medalla o de moneda,
o fuente comunal o flor de bronce
en San Luis del Venado y de las Sierras.
Pero yo, tu hijo, tu memoria canto,
y hago del verso corazón de piedra
Juana Koslay, Juana Koslay, ¡Oh, Madre!
para que nunca en los puntanos muera.


 Antonio Esteban Agüero, nació en Piedra Blanca (San Luis) el 7 de Febrero de 1917 y murió en San Luis el 18 de Junio de 1970. Se graduó de Maestro Normal Nacional y desempeñó importantes cargos públicos en su provincia. Comenzó a escribir desde su adolescencia. Poeta y prosista obtuvo distinciones por varios de sus trabajos. Colaboró en el suplemento dominical del diario "La Prensa" (Buenos Aires), y en numerosas revistas y periódicos argentinos y extranjeros. En 1970 recibió el título de Doctor Honoris Causa Post-Mortem de la Universidad Nacional de San Luis. Numerosos escritores y críticos argentinos y extranjeros se han ocupado de la obra poética del poeta puntano: Juana de Ibarbouru, Fermín Silva Valdés, José Vasconcelos, Enrique Larreta, Ricardo Nervi, Abelardo Arias, Alejandro Nicotra, etc. Entre sus principales publicaciones se destacan: "Poemas lugareños" (1937), "Romancero Aldeano" (1938), "Pastorales" (1939), "Romancero de niños" (1946), "Cantatas del árbol" (1953), "Un hombre dice a su pequeño país" (1972), "Canciones para la voz humana" (1973) y "Poemas Inéditos" (1978). Estos tres últimas obras fueron publicadas póstumamente por su esposa.-
La fotografía de la presente nota fue recuperada del siguiente sitio:  http://www.eldiariodelarepublica.com/mobile/nota.html?nota=/contenidos/2013/06/19/noticia_0015.html

lunes, 29 de mayo de 2017

FORTUNATO E. NARI (Santa Fe)





HAIKUS

Por mi ciudad,
Rafaela arcangélica,
traigo mi lámpara.

1
Gracias al agua
tierra y cielo dialogan
entre herbazales.

13
El sueño está,
pero no sé si existe
el soñador.

22
Ya casi nadie
sabe mostrar el sitio
donde está Dios.

33
El llano inmenso
se asombra al ver la luna
que nace inmensa.

38
Es la llovizna…
con su larga enseñanza
de mansedumbre.

52
El agua, el alma
el manantial de luz…
y yo, el abismo

66
No era una estrella
esa luz en la nada.
Era un abismo.

87
Con tanta luz
todo está confundido,
salvo la piedra.

120
Mi copa de humo
ya no cabe en mi pecho
que llora ausencias.

127
Bajo la noche
podía oír la luz
que regresaba…


Fortunato Esteban Nari nació en Monte Obscuridad. Vive en Rafaela (ambas localidades de la Provincia de Santa Fe). Publicó los poemarios Ventana de vacaciones, Polen y cenizas, El ángel y la tormenta, Serafín sin fin, Contemplador de Crepúsculos, la versión bilingüe de su poemario traducido a la lengua italiana: Polline e cenere, Pensamiento del pájaro, Inmensa hierba y De fácil alma, tres recientes volúmenes de haikus. Su novela breve El hijo de Medea, obtuvo el premio en el primer concurso literario realizado por la Municipalidad de Rafaela. Sus obras teatrales publicadas son Rey en el exilio, La tierra está, El habitante, La consumación del topo, Aves mágicas, El canto de Medea y Atalaya del trébol azul. En sus ciclos de teatro leído, el elenco de Las dos carátulas (LRA Radio Nacional) ofreció sus obras Rey en el exilio, La juntadora de huesos y Azarías (esta última obtuvo el premio de la Dirección Nacional de Radiodifusión). La obra Rey en el exilio fue estrenada en Rafaela y publicada gracias a la obtención del premio de la Dirección General de Cultura de la Provincia de Santa Fe. La Universidad de Colorado dedicó una jornada a su obra de teatro El Habitante (distinguida en el certamen del ITI Instituto Internacional del Teatro correspondiente a la UNESCO). A propósito de la misma una publicación barcelonesa considera a Nari uno de los dramaturgos temáticamente más ricos de la Argentina contemporánea.

Los haikus fueron extraídos de su libro Inmensa hierba y la fotografía fue tomada del sitio Web: 
http://www.rafaela.com/